Ella es Ana.
Su hija, Mabel, cuida de ella todos los días. Todos.
La lleva al parque cerca a su casa, ven gente pasar y, mientras, Ana cuenta chistes, historias y habla de sus aventuras en el antiguo barrio. Una de las lindas características que Ana no perdió es que le saca un cuento a todo, le pone segundo sentido a las cosas y se ríe. Y parece que la risa resulta ser algo que dura hasta el final.
Hace varios años sufre de Alzheimer.
Su familia ha tenido uno que otro susto. Una vez se perdió y, como tantas cosas que no tienen explicación, a pesar de la enfermedad se acordó de su antigua casa. Las vecinas que la conocían llamaron a su hija.
Otra vez se cayó.
El caso es que a veces su nieta Isabel, quien quizo que hagamos su retrato, visita a su abuela, pero Ana se confunde, se acuerda de ella pero siendo pequeña. Cuando Isabel le dice quien es, Ana piensa que su nieta aun está en su último año de colegio. Isabel le sige la conversación con paciencia al igual que el resto de su familia.
Antes del Alzheimer fue/es una madre muy afortunada. Tuvo 10 hijos y, si bien quien cuida de ella es su hija Mabel, todos, o por lo menos la mayoria de sus hijos, tratan de compartir tiempo con ella. Se la turnan en el día de la madre, navidad y año nuevo y su nieta, a pesar de ser muy joven, ya reflexiona sobre la vejez y la fortuna de tener una compañia que nos cuide a pesar de nuestras enfermedades.

Luisa no es una extraña, es la hermana de Ermelinda, mi abuela.Y así, como la mayoría de las cosas en esta vida se mezclan, se relacionan, Luisa no solo es parte de la historia de su hermana si no que también protagoniza la suya.








